jueves, 27 de junio de 2013

Memi.

Sé que no es una de las amistades más grande como Delena, pero que mis dos ídolas sean amigas y se lleven a la perfección me hace sonreír. Os amo.

miércoles, 22 de mayo de 2013

CAPÍTULO 10 ‘¿Nunca te cansarás de insistir?’


CAPÍTULO 10 ‘¿Nunca te cansarás de insistir?’
 
 Ya era martes, los odiaba al igual que los lunes, bueno y que los miércoles, jueves y viernes. Pero, este martes era distinto, Marc iba a pasar a recogerme. Menos mal, algo bueno tenía que pasarme desde que decidí empezar de cero.
Abrí el armario y saqué unos pitillos negros y una camiseta azul marina, mis converse azules y mi chaqueta negra a conjunto con los pantalones. Entré al aseo y me cambié, pero, en el momento en el que me vi reflejada al espejo, volví a verme gorda, como de costumbre. No pude evitarlo, tenía que hacerlo. Me agaché, incliné mi cabeza hacia el retrete, dirigí mis dedos índice y corazón hacia mi boca y, lo hice, volví a la rutina. Al terminar de vomitar y lavarme los dientes, para, así, disimular el olor a vómito, salí del baño, ya peinada y vestida, y encontré a mi hermana.
- ¿Qué has hecho Alexa?
- Lo siento, no pude evitarlo…- Contesté mirando al suelo.
- Me prometiste que no volverías a hacerlo, no lo has cumplido.- Me dijo gritando.
- Lo siento, Kristen, de verdad. Pero no te pongas así, por favor.
- No, es que como vuelvas a incumplirlo volverás con papá y mamá.- Siguió con el mismo tono de voz de antes.
- Kristen, sabes que no me puedo contener…- Respondí ya algo más agobiada.
- ¡Me da igual! Y no me contestes.
¿Qué le pasaba? ¿Por qué se había puesto tan agitada de repente? ¿Y encima conmigo? La miré bien a los ojos y noté que los tenía muy irritados, rojos e hinchados, ¿por qué? Ni idea, pero no era normal en Kristen, además estaba demasiado nerviosa.
- Kristen… ¿Te pasa algo?- Pregunté insegura.
- ¿A mí? No, nada, simplemente que tengo una hermana que me ignora y no me hace caso.- Su todo de voz seguía siendo muy elevado.
- Kristen, te estás pasando…- Dijo con mis ojos ya aguados.
- Solo digo la verdad.
Me estaba haciendo daño, así es que, cogí mi bandolera con mis libros y la ropa de gimnasia, ya que hoy tenía, y salí corriendo de casa.
Una vez ya fuera, Marc me estaba esperando,- que pronto ha llegado- pensé. Entonces miré mi reloj y no es que hubiese llegado pronto, sino que, mientras yo discutía con mi hermana, el tiempo había volado.
Me sequé las lágrimas antes de subir al coche y luego me dirigí a él. Monté y le di dos besos.
- Buenos días.- Dije intentando sonreír.
- Buenos días.- Sonrió.
Arrancó el coche y yo miré al frente. Una última lágrima cayó por mi mejilla y, por desgracia, él la vio caer.
- ¿Estás llorando, Alexa?
Se me daba bien mentir, pero cuando estaba mal, como ahora, me era imposible.
- Eh… No… Es que me llora este ojo.- Improvisé como pude, aunque se notó que era una mentira y, encima, de las malas.
Por suerte, él se dio cuenta de que no iba a querer hablar del tema y dejó de hablar.
Llegamos al instituto en poco tiempo, bajé del coche y le agradecí que me hubiera traído, pero no dije nada más. Me despedí y pasé dentro del recinto.
Sophie vino enseguida hacia mí.
- Vaya, hoy has venido con ese chico.- Comentó mientras jugueteaba con su pelo.
- Sí, bueno, se ofreció a traerme.
- Entonces, entre Bieber y tú, ¿ya no hay nada?
Su pregunta me dejó confusa, ¿qué quería decir?
- Eh… Bueno, entre Justin y yo no hubo nunca nada, así que…
- Bueno, quizás por tu parte no hubiese nada, pero Justin tenía intenciones de algo, se notaba demasiado.
¿Por qué siempre me sacaba el tema de Justin? No había día que no me hablase de él y de mí. Al final Nicole acabaría por tener razón, Sophie estaba más que obsesionada con ese chico.
- Pues no sé, Sophie. En fin, yo me voy a clase, no quiero llegar tarde.
Me escabullí rápidamente, siento decirlo, pero Sophie en ocasiones era demasiado pesada con este tema.
[…]

La mañana pasó como siempre, lenta. Aparte de odiar el instituto, cuando ya empezaba mal el día, lo odiaba más aún.
Ahora, tan solo me quedaba gimnasia, y bueno, la hora de castigo. Dichoso castigo.
Sonó el timbre y me dirigí al gimnasio, dejé mi bandolera y pasé a los vestuarios a cambiarme. Me puse unas mallas negras y una sudadera azul, también.
Salí y me estaba esperando toda la clase para dirigirnos a la pista exterior. Una vez ya fuera, hacía sol, eso me gustaba, ya que me alegraba el día, o algo así, verlo resplandeciente.
El profesor fue al gimnasio a por no sé que, la verdad es que no le había prestado mucha atención a lo que había dicho durante estos quince minutos escasos de clase. Miré a mi alrededor, y me sorprendí; estaba Marc, con otra clase haciendo gimnasia. Que casualidad que tuviésemos a la misma hora esta asignatura. Ahora mismo se encontraban corriendo alrededor de la pista de atletismo, y, justo en el momento que Marc pasó por delante de mí, alzó la mano en forma de saludo y me sonrió dulcemente. No pude resistirme y sonreí algo tonta.
El profesor volvió e iniciamos la clase. Lo primero fue dar diez vueltas alrededor de la pista, como calentamiento. Era la primera vez que no me importaba correr, ahora podría hablar con Marc. Enseguida me coloqué al lado del susodicho y sonreí.
- Hola.- Comencé diciendo.- Siento haber sido tan fría esta mañana, no empecé bien el día.- Me disculpé.
- No importa, no siempre tenemos un buen día.- Respondió amablemente.
Sonreí y continué el ritmo de carrera. Marc y yo continuamos hablando era muy simpático y me hacía reír cosa que provocaba que me entrase flato. Entonces, Justin, no sé porque, nos tuvo que interrumpir pegándole un empujón a Marc y echándolo fuera de la pista.
- ¿Estás tonto? ¿Por qué has hecho eso?- Grité enfurecida.
- Deberías agradecérmelo, solo te defiendo, nena.- Sonrió chulesco y me adelantó.
Cuando ya habíamos terminado de dar las diez vueltas, el profesor nos mandó ejercicios para estirar los músculos.
Nos situamos en un lado de la pista dejando que la clase de Marc pudiese continuar corriendo. Empecé a estirar y de pronto noté como alguien daba una leve palmada en mi culo, me volví atrás y no había nadie, pero de pronto vi a Justin y sus amigos mirándome y riendo. Terminamos estos ejercicios y el Sr. Lewis, profesor de gimnasia, nos dividió en dos equipos, pues íbamos a jugar un partido de fútbol. Odiaba tener que jugar al fútbol, se me daba fatal, la única parte buena es que, hoy, no me había tocado en el equipo de Bieber, menos mal.
Comenzamos el partido, se suponía que yo era defensa, así es que me quedé en el área de nuestro campo y no hice nada. De pronto Justin se acercó a mí y se situó en frente mía.
- ¿Qué haces aquí, idiota?- Pregunté molesta.
- Mi equipo me ha dicho que he de defenderte.- Respondió risueño.
- ¿Y tú haces caso a la gente de tu equipo? Si no lo veo no lo creo.- Reí irónica.
- Para mi esto también es un sufrimiento, eh.- Me miró y se mordió el labio inferior.- Pero sé que te encanta que sea yo quien te defienda.- Sonrió.
- Mira, mientras solo sea defenderme te dejaré pero como intentes alguna otra cosa te enterarás Bieber.
- Me gusta cuando me llamas Bieber.- Me guiñó un ojo.
Siguió el partido y, como ya había imaginado, Justin no solo me estaba defendiendo. No me dejaba en paz, no para de tocarme el culo, de morderse el labio inferior y, finalmente, me susurraba cosas al oído. Cosas de las que no me quise enterar, porque, seguramente, fuesen tonterías y no harían más que ponerme nerviosa.
Acabó el partido, estaba demasiado acalorada y, por lo visto Justin también. El rubio estaba sudando, se quitó la camiseta y, madre de Dios, dejó a ver su perfectísimo torso. Sería un auténtico imbécil y un chulo, pero de feo no tenía nada. Creí que ya nos podríamos ir a los vestuarios, pero Justin tuvo que decir la última palabra. Se acercó a mí, rodeó mi cintura y me susurró al oído:
- Si quieres,- sus labios fueron curvándose hasta formar una pícara sonrisa- nos podemos duchar juntos.
Cuando terminó la frase le miré con algo de desprecio, pero tampoco mucho, y, entonces, lo aparté de mí de un empujón.
Mientras volvía, ya sola, al gimnasio volví a encontrarme con Marc.
- Por lo que he visto, el fútbol no es tu pasión.- Me dijo riendo.
- No, ya ves que no. Nunca me ha gustado.- Reí con él.
Entonces, al mismo tiempo que reíamos, un balón de fútbol impactó en la cara de Marc. Miré en dirección de donde había prevenido, y, como no, había sido Justin. Estaba riéndose tranquilamente. Cuando me volví a girar para preguntarle a Marc como estaba ya se había marchado, mierda.
Me dirigí al vestuario y me cambié. Ahora ya no iba sudada y volvía a vestir con la misma ropa que me puse esta mañana.
Fui a la sala de castigos, de nuevo. Me senté en una mesa y esperé a la demás gente que estaría castigada, ya que faltaban diez minutos para que se cumpliese la hora de inicio.
Ya era la hora, y, no había entrado nadie más. Esta vez estaba sola. No sabía si alegrarme o no por el hecho de que no hubiera ninguna otra persona.

Al fin, después de una hora, salí del instituto. Mierda, hoy no había traído el coche por el hecho de que Marc me trajese. Mi casa, mejor dicho, la de mi hermana no estaba muy lejos, pero hoy no tenía ganas de andar. De pronto, oí un motor. Un motor inconfundible. Miré atrás y era él, Bieber. ¿No se cansaría de insistirme?
Al hacerme esa pregunta recordé lo del otro día.
[Flash-back]
- Que no, Justin, que no. ¿Por qué insistes? Puedes tener a la que quieras de esas guarras, ¿por qué vas a por mí?
- No sé. Eres difícil, bueno eso es lo que quieres aparentar. Y además eres una pija de California, quiero probar cosas nuevas. El día que menos lo esperes tú estarás entre mis sábanas o yo entre las tuyas, lo que prefieras.- Me guiñó un ojo.
[Fin del flash-back]
- ¿Te llevo a casa? Tú príncipe azul no te esperó.- Me dijo parando a mi lado.
- No soy tonta, sé volver sola, eh.
- Venga, sube. No te haré nada, solo será un paseo.
- Que no.
Me volví y eché a andar en dirección a mi casa.
                                                        ***
Siento muchííííííííísimo haber tardado en subir, enserio.
Espero que os haya gustado, jo y perdonadme, por fi.
En fiiiiiiiiin, lo único que os pido es que comentéis extenso, es decir, que me digáis vuestra opinión del capítulo, de la novela en general, si veis fallos que me los digáis y cosas así, es que cuando recibo comentarios de esos me entra una motivación muy asadsadasf y escribo más rápido.
Ale, gracias por leer, os quiero<3

domingo, 14 de abril de 2013

CAPÍTULO 9


CAPÍTULO 9

Lunes de nuevo. Asco de fin de semanas, ¿por qué tenían que pasar tan rápido?
Me levanté adormilada, al bajar a la cocina encontré a mi hermana.
- ¿Qué haces levantada tan pronto?- Pregunté sorprendida.
- Tienes que desayunar algo.
- Oh, no. Kristen, sabes que no puedo.
- Tienes que hacerlo. Aunque sea tan solo una manzana.
Al final opté por hacerle caso. Una manzana tampoco era mucho, ¿no?
Una vez ya había desayunado me vestí y pasé al baño.
- Por lo que más quieras no vomites, Alexa.- Dijo mi hermana detrás de la puerta.
No quería decepcionarla, por eso, conseguí reprimir las ganas de vomitar y, al final, conseguí no hacerlo. Pero, aún así, no me sentía completamente bien. Tenía una extraña sensación en mi cuerpo. Pues desde hacía seis meses mi rutina de cada mañana era vomitar, y, esta vez, había conseguido no hacerlo. Sé que no es un gran logro, pero por algo se empieza.
Cogí mi coche y me dirigí al instituto. A primera hora me tocaba tecnología. Aún no conocía al profesor de esta asignatura, pues la semana pasada estuvo malo y no vino a las clases.
Entré en el aula donde me tocaba la clase, por suerte Justin no estaba en esta clase conmigo. Pero, ¿a qué no adivináis quien estaba?
- ¿Marc?
- Oh, tú eres la chica que me tiro las cosas al suelo, ¿no?- Dijo serio.
- Sí… Eh… Yo lo siento, fue sin querer.- Dije avergonzada.
- No importa, mujer.- Rió.- Tú eras Alexandra, ¿no?
- Sí.- Sonreí.
- Pues que casualidad que vayamos al mismo instituto.
- Y que lo digas.- Reí.- Bueno, yo me voy que el profesor vendrá ahora mismo.
- Si quieres, puedes sentarte a mi lado.- Sonrió.
- Bueno, la verdad es que sería más agradable, ya que no conozco a nadie de los que van a esta clase.
- Pues siéntese, señorita.- Reímos.
Marc era un chico simpático, estuvimos hablando mientras el profesor daba clase y, la verdad, tenía algo distinto a los demás. Mientras hablábamos me miraba a los ojos, no a otro más abajo como otros. Al decir eso, se me vino a la mente Justin. ¿Por qué no había día que no pensase en él? No me gustaba, me daba asco, por así decirlo. Pero aún así solía estar en mi cabeza.
Terminó la clase, se me pasó demasiado rápida y, por desgracia, no tenía ninguna otra clase en la que Marc y yo coincidiésemos. Mierda.
[…]
Fui a la cafetería. Me senté como de costumbre al lado de Sophie. Quería preguntarle sobre lo que me dijo Nicole, pero, ¿y si Nicole mentía y Sophie pensaba que no confiaba en ella? – Mejor estate callada, Alexa.- pensé. Y así hice, estuve callada.
Miré a mi alrededor a ver si encontraba a Marc, pero no lo veía por ningún lado.
- Si buscas a Bieber, está en una mesa al fondo.- Me dijo Sophie.
- Oh, no. No lo busco a él.
Pero, al terminar de decir esa frase me giré a mirarlo. ¿Por qué tuvo Sophie que nombrar a Justin? No me acordaba de él, y, ahora, gracias a ella volvió a mi mente.
Estaba como siempre, con sus amigos, rodeado de chicas y con esa sonrisa en la cara.
Se dio cuenta de que le estaba observando y él me miró. Aparté la mirada de él y volví a mirar a Sophie.
- Yo me voy ya. Nos vemos en la próxima clase, Sophie.
Me levanté de la silla y comencé a andar. Iba distraída, como de costumbre, y volví a chocar contra alguien.
- Vaya, veo que lo tuyo son los choques.- Rió.
Alcé la mirada, era él, Marc.
- Lo siento.- Reí.- Iba distraída, otra vez.
- No importa. ¿Qué clase tienes ahora?
- Historia, ¿y tú?
- Física. Que pena que no coincidamos, sonrió.
- Ya, bueno, aunque yo me tengo que quedar una hora más, estoy castigada.
- ¿Enserio? Yo también.
- Vaya. Que malos somos.- Reí.
- Eso parece.- Sonrió.- Bueno, me voy. Te veo en la sala de castigos.
Terminó la frase y se fue.
Bueno, Alexa, mira la parte buena; al menos ahora lo tienes a él en la sala de castigos. No estás sola.
Ese pensamiento me hizo sonreír.
Tocó la campana, me dirigí a clase. Historia, en parte me gustaba. Me parecía interesante conocer todo lo anterior a nosotros, pero esta vez estaba impaciente porque se acabara y comenzara la hora de castigo.
Y mi petición se hizo realidad, la clase pasó rápido. Ahora ya podía ir a la sala de castigos.
Fui directa hasta el aula donde era. Faltaban unos minutos para que comenzase la hora de castigo, supongo que faltaría gente.
Entré y no, no podía ser. ¿Qué hacía él aquí? ¿Qué quería incordiar más aún o qué?
Me dirigí a la mesa donde se encontraba y lo miré fijamente.
- ¿Qué coño haces tú aquí, Bieber?
- Estoy castigado, preciosa. Tú no eres la única mala aquí.- Rió.
- ¿Por qué no te lo saltas? Eso fue lo que hiciste el otro día.
- Lo sé. Pero he pensado que voy a ser bueno, es decir, hasta que tú accedas al trato que te propuse.- Sonrió.
- Justin, te lo voy decir claro; nunca, jamás me acostaría con alguien como tú.
- Ya, claro, como quieras pequeña.- Volvió a sonreír.
- Ag, me sacas de quicio.
- Accede al trato y te dejaré en paz.
- Que no, Justin, que no. ¿Por qué insistes? Puedes tener a la que quieras de esas guarras, ¿por qué vas a por mí?
- No sé. Eres difícil, bueno eso es lo que quieres aparentar. Y además eres una pija de California, quiero probar cosas nuevas. El día que menos lo esperes tú estarás entre mis sábanas o yo entre las tuyas, lo que prefieras.- Me guiñó un ojo.
- Dios mío, ¿cómo se puede ser tan sumamente imbécil?
- No, la pregunta es, ¿cómo se puede estar tan bueno?- Rió.
Entonces entró Marc.
- Hola, Alexa.
- Oh, hola.- Sonreí y seguidamente le di dos besos.
- Si molesto me voy a otro lado.
- Pues sí, majo, sí. Mejor vete a otra parte.- Contestó Justin.
- No. Tranquilo, siéntate en un mesa, ahora voy.- Sonreí.- Y tú,- dije señalando a Justin- te callas la boca y me dejas en paz, ¿sí?
- Vaya, prefieres antes a ese tío que a mí. Que irónico.- Rió.
- Él al menos sabe tratar a las mujeres, no como otros.
- Oh, Alexa. Pues vayamos a mi casa, verás si sé o no tratar a las mujeres.- Volvió a reír.
Suspiré y me di la vuelta. Si le seguía el juego sería yo la que acabase enfadada y él, al fin y al cabo, acabaría divirtiéndose
Me senté al lado de Marc y el profesor entró por la puerta,- ¿cómo? ¿íbamos a ser solo en clase Marc, Justin y yo? Oh no.- pensé.
Y en efecto, fue un infierno de castigo, más de lo normal. Marc y yo intentábamos hablar tranquilamente, pero él, Justin, no dejó de incordiar. Que si nos tiraba bolas de papel, que si le dejábamos un bolígrafo. En fin, no nos dejó tranquilos.
Acabó la hora de castigo y Justin me sonrió y se fue.
- ¿Quieres que te lleve a tu casa?- Se ofreció Marc.
¡ Oh si! Por fin, algo salía bien.
- Eh… Claro.- Sonreí.
Montamos en su coche y pusimos rumbo a mi casa. Una vez llegamos me despedí de él. Pensé que ya había acabado todo, que ya había llegado a mi destino y él si iría a su casa, pero no, no fue así.
- Esto… ¿Quieres que mañana pase a recogerte? Por la mañana, es decir.- Sonrió tímido.
- Por supuesto.- Sonreí y salí del coche.

                                            ***
Siento el retraso, de verdad.
Sé que es un poco corto, pero intentaré recompensaros.
Gracias por leer. Os quiero<3

sábado, 30 de marzo de 2013

CAPÍTULO 8


CAPÍTULO 8

Ya era domingo, el fin de semana se me había pasado demasiado rápido. No quería volver a empezar la semana y menos aún, volver a la sala de castigos. Pero ahora, no debía pensar en eso, así no cambiaría nada, por lo tanto decidí ir, otra vez, a dar una vuelta. Quería conocer bien este lugar y que mejor forma que paseando.
Esta vez cogí una chaqueta, corría un viento fresco y no quería costiparme.
Salí de casa y me dirigí al lado opuesto del que había ido ayer. Tampoco había mucha gente, algunos chicos con motos y chicas acompañándolos.
Fui mirando cada una de las casas de alrededor, eran algo viejas y estaban bastante agrietadas, pero esta era la forma de vida de la gente de aquí y, ahora, yo formaba parte de esa gente.
Iba distraída, no prestaba atención a la gente, solo miraba el lugar, hasta que, sin querer, me choqué contra alguien.
- Uy, perdón.- Dije mientras me agachaba a ayudar al chico a recoger unos papeles que habían caído por mi culpa.
- No te preocupes.- Dijo a mi misma altura.
- Soy algo torpe, perdón.- Me volví a disculpar.
- No es nada, enserio. Simplemente chocamos.
Levanté la cabeza para poder darle los papeles y volver a disculparme de nuevo, pero, su sonrisa me impidió articular palabra. Me había dejado sin habla, era tan perfecta. Unos dientes blancos, labios rosados y carnosos que incitaban a besar.
- En fin, soy Marc, ¿y tú?- Volvió a mostrar sus blancos dientes, haciendo que yo me derritiese. Aunque ahora no era su sonrisa lo que más me llamaba la atención, sino, sus ojos. Eran oscuros, algo misteriosos, pero atractivos. Dejé de mirarlos, pues notaba una cierta perversión, pero, que a la vez, me atraía.
- Eh… Yo soy Alexandra, pero llámame Alexa.- Respondí intentando buscar un sitio al que mirar sin sentirme intimidada, quizás.
- Bonito nombre.
- Vaya, gracias.- Sonreí tímida.
No entendía porque me estaba comportando así, yo nunca fui una chica tímida, era bastante abierta en esto de conocer gente, pero este chico me hacía ser diferente. O quizás solo fuera el cambio de aires.
- ¿Vives muy lejos de aquí?- Preguntó mientras se levantaba.
- No, mi casa está relativamente cerca.- Imité su movimiento.
- Bueno, pues, me tengo que ir.
- Yo también.- Sonreí.
Seguidamente él me dio dos besos y pude oler su perfume, otra de las cosas que incitaban a besarlo, a parte de su sonrisa y sus oscuros ojos.
[…]
Continué andando, después de aquel, quizás, fortuito choque, llegué a casa.
Al entrar, me dirigí a la cocina, donde se encontraba Kristen.
- Venga, Alexa, siéntate, vamos a comer. He hecho verdura al horno, creo recordar que degustaba, ¿no?- Dijo mi hermana.
- Eh… Sí, sí que me gusta. Pero… No tengo hambre, luego si eso como.- Me volví e intenté salir de la cocina.
- No, Alexa. Siéntate y a comer.- Volvió a insistir mi hermana.
- De verdad, Kristen, no tengo hambre, más tarde si eso.
- No te lo vuelvo a repetir, Alexandra. Siéntate. Desde que viniste no te he visto comer ni una sola vez, siempre dices que no tienes hambre o que ya has comido. Así que, hoy, vas a comer conmigo.
No quería enfadarla más, por eso hice caso a su orden y me senté en la mesa.
Cogí el tenedor y comencé a remover la comida mirándola fijamente.
- Quieres comer y dejar de jugar con la comida.
Partí un trozo de patata, solté un suspiro y me lo llevé a la boca. Fui comiendo poco a poco, para intentar reprimir las ganas de vomitar.
- Ya he acabado.- Dije dejando el tenedor a un lado.
- No has comido a penas, hasta que no termines el plato no te mueves de aquí.
No sabía que hacer, tenía que dejar de comer, sabía que si comía algo más estaría tentando a mi estómago, y, lo peor: Kristen se enteraría de mi problema.
Volví a mirarla, sus ojos reflejaban desesperación y enfado, quería que me terminase la comida ya.
Pinché otro trozo de patata y lo miré,- que sea lo que Dios quiera- pensé. Lo eché en mi boca y fui masticando tranquilamente, pero cuando llegó el momento de tragarlo, mi estómago se negó.
Me levanté lo más rápido que pude y fui al baño de la planta baja, me arrodillé e hice lo que mejor sabía hacer; vomitar.
Mi hermana vino a los segundos de que yo entrara, ya que no había cerrado la puerta por falta de tiempo, me estaba viendo vomitar, bueno, provocándome los vómitos.
Escupí lo último que me quedaba y salió un poco de sangre, no me asusté, pues ya era normal para mí, era rutina.
Cerré la tapa del váter, me levanté y me senté en él. Comencé a llorar sin saber porque, supongo que me sentiría culpable o no sé.
Kristen que estaba apoyada en el marco de la puerta, se acercó y se arrodilló delante de mí, haciendo que nuestras miradas quedaran a la misma altura.
- No llores.- Susurró apartándome el pelo de la cara y secando mis lágrimas.- No estás sola.- A continuación me abrazó y me dio un dulce beso en la mejilla. Esto era lo que necesitaba, alguien que se preocupase por mí. Sé que soy una persona difícil de dejarme ayudar, pero, al fin y al cabo, también soy persona, también necesito dejarme ayudar.
- Venga, Alex, lávate la cara y sal cuando ya estés mejor.
Mi hermana salió del baño y yo hice caso a su comentario. Me lavé la cara y la boca para quitarme ese asqueroso sabor. Me miré al espejo, en verdad, me daba pena a mí misma. Todo lo que hacía, todo esto, era realmente patético, pero, aunque pensase eso, había un problema; no podía dejar de hacerlo.
Después de diez minutos echándome agua en la cara, salí.
Mi hermana se había sentado en el sofá y había puesto la televisión. Yo me senté a su lado y permanecimos calladas las dos, hasta que rompí el silencio:
- Ahora…- Aclaré la voz.- Ahora ya sabes porque no como.
- ¿Quieres que hablemos de esto?
Eso era lo que me gustaba de Kristen, no me atosigaba, si yo no quería hablar de eso, no hablaríamos, pero esta vez, le debía una explicación.
- Pregúntame lo que quieras.- Respondí.
- ¿Desde cuándo llevas haciendo esto?
- Hará seis o siete meses que comencé.
- ¿Por qué lo haces? ¿Tiene que ver con mamá o papá?
- ¿Mamá? ¿Papá? No. Para nada. ¿Por qué lo preguntas?- Me sorprendí.
- Nada, cosas mías. Pero, ¿por qué lo haces?
- El novio que tenía, Troy, pues…- Empecé a contarle todo y, lógicamente, no pude contener las lágrimas.
- ¿Por qué no le contaste nada de esto a papá y mamá?
- ¿Para qué? Nunca están en casa y cuando están me ignoran. Seguro que no me echan en falta ahora que me he ido.
- No digas eso, Alexa.
- Es la verdad.
- Mira, no sabía nada de esto, pero ahora que ya lo sé, te puedes quedar el tiempo que haga falta aquí. Esta será tu nueva vida. Ya no está Troy, no tienes porque preocuparte y respecto a lo de la bulimia, vas a dejar de hacerlo, ¿sí? Sé que no es fácil, pero te ayudaré en lo que haga falta.
- Gracias, Kristen.- Sequé una lágrima que aun permanecía en mi ojo derecho y la abracé.
- Ahora que sé esto, supongo que tú también querrás saber porque me fui de casa, ¿no?
- Te fuiste y nos abandonaste.- Dije con un hilo de voz.- Eso fue lo que me contó mamá.
- Yo nunca te habría abandonado Alexa, eso es mentira.
- ¿Entonces…?- Me quedé confusa.
- A tu edad, yo… comencé a tontear con las drogas y papá y mamá se enteraron. Les dije que las dejaría, pero, ellos no podían permitir tener una hija que había probado cosas ilegales, y, bueno, además, tú eras la pequeña, la favorita, yo les daba igual. No me quisieron dar otra oportunidad. Un día, cuando volvía a casa después de pasar la tarde con Kate – su mejor amiga – encontré mis maletas en la puerta. Tú no estabas, habías ido a pasar unos días con la abuela. Llamé al timbre de casa, no entendía lo que ocurría. Nadie abrió. Vi una nota en mi maleta, simplemente decía que no querían a una drogadicta en casa y no tuve más remedio que irme, pasé unos días en casa de Kate, pero luego supe que no podría quedarme allí toda la vida y bueno, me hablaron bien de esta ciudad, y, como quería cambiar de aires pues vine.
No sabía que decir, nunca pensé que mi madre fuera capaz de dejar a una de sus hijas en la calle, sin nada. Las madres no hacen eso, pero la mía lo hizo.
Kristen me miraba para que dijese algo, pero seguía sin saber que decir, hasta que se me pasó por la cabeza la pregunta más idiota que se me podía ocurrir:
- Pero… ¿tú ya no tomas…
- No, no tomo drogas, las dejé.- Me interrumpió.- Simplemente jodí mi vida por querer probar cosas nuevas.
Ahora fui yo la que la abrazó a ella, pues se estaba debilitando por momentos y daba la impresión de que se iba a derrumbar cuando menos lo esperase.
- Ahora nos tenemos la una a la otra.- Susurré.
[…]
Pasamos la tarde juntas, en el sofá, viendo la televisión e intentando no pensar en nuestra ‘confesión’.
A la noche, me despedí de mi hermana y subí a mi habitación.
Cogí mi móvil, el cual había estado toda la tarde ahí. Vi que tenía un mensaje de Brenda y lo leí:
‘En dos semanas estoy allí. Ya tengo los billetes.’
En mi rostro se formó una pequeña sonrisa y por mi mente pasó un ‘Que pasen rápido estas dos semanas.’
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Siento haber tardado taaaaaaaanto en subir, pero no tenía ordenador asdjadsfhkdjhfgdsg.
Bueno, en vez de un capítulo, esta vez, subí dos, para ‘compensar’.
Espero que os hayan gustado, y que me dejéis un siguiente algo elaborado, por favor.
Y bueno, lo de siempre: Recomendadme por favooooooooooooooooor.
En fin, gracias por leer<3

CAPÍTULO 7


CAPÍTULO 7

Por fin era sábado. Esta semana se me hizo algo larga. Todos los día quedándome castigada una hora más y lo peor era que tendría que seguir haciéndolo durante lo que quedaba de mes. Lo que me extrañó fue ayer, es decir, el viernes, Justin me dijo que me vería en la sala de castigos, pero, no apareció. La verdad es que me daba igual lo que hiciese ese niñato. Era guapo y tenía una preciosa sonrisa, pero se lo tenía muy creído y eso yo no lo puedo aguantar en nadie, por eso cuanto menos hablase con él mejor, ya que solo hacía más que sacarme de quicio con su prepotencia y chulería.
Entré al baño y me lavé la cara, me vestí con unos simples vaqueros y un jersey y bajé a la planta baja. Miré por la casa y no había nadie, me extrañó, ya que Kristen no me avisó de que iba a salir. Cogí una hoja en blanco y un boli, escribí unas pocas palabras para que mi hermana supiera que había ido a dar una vuelta y lo pegué a la nevera.
Cogí mi móvil y las llaves y salí. Hacía un buen día, no hacía a penas frío y había un sol resplandeciente. Comencé a caminar sin sentido alguno. La zona por la que iba se encontraba vacia, es decir, no había gente. Pero, de repente, el sonido de una moto interrumpió la calma de ese lugar. Giré la cabeza, y, adivinad quién era; Bieber.
Comencé a acelerar el paso, no quería hablar con él, como ya le dije el otro día: la gente como él me da asco.
Cada vez intentaba ir más apresurada pero continuaba oyendo el sonido del motor de la moto y cada instante más cerca de mí. Al final, mi intento de irme y pasar desapercibida fracasó. Acabó por alcanzarme.
- ¿Qué quieres ahora, Justin?
- Sube a la moto.- Sonrió.
- No.
- Sube, venga, no pasa nada.
- He dicho que no.
- ¿Qué pasa? ¿Qué las niñas de papá como tú tienen miedo a las motos? ¿O quizás a los chicos que montan en ellas?- Rió.
No podía aguantar que me dijesen eso, ‘niña de papá’, por lo tanto le miré desafiante y él sonrió pícaro, - no sabes a quien estás retando- pensé. Acto seguido subí a la moto y lo agarré de la cintura.
- A ver que sabes hacer, Drew.
- ¿Cómo me has llamado? – Giró la cabeza atrás y sonrió irónico.
- Drew.
- Vaya, pensaba ser bueno, pero veo que te gustan las emociones fuertes.
Después de esa frase, arrancó la moto de inmediato sin dejarme añadir ningún otro comentario.
A medida que pasaban los segundos la moto iba más rápido. El aire chocaba contra mi cara produciéndome algo de dolor por la fuerza con la que impactaba. Mi pelo, el cual antes de salir de casa iba recogido en una coleta, empezó a soltarse de la goma que lo sujetaba y así, hasta que quedó totalmente suelto, sin  ataduras, como me sentía yo en ese mismo instante. Puede que sintiese algo de miedo, iba demasiado rápido, pero no quería pensar en la velocidad, solamente en el hecho de que estaba libre, es decir, sin nadie a mi alrededor que me pudiese decir que así no es como se comporta una señorita o que se lo dirían a mis padres para que me enseñasen a tener algo de clase.
Cuando quise mirar por donde íbamos no supe reconocer el sitio donde nos encontrábamos, supongo que estaríamos ya lejos.
En ese instante Justin, volvió la cabeza atrás y me sonrió. Él continuaba queriendo retarme, lo notaba en su sonrisa, pero, mi reacción le sorprendió, ya que le susurré al oído ‘Más rápido, Bieber’. Y me hizo caso. Aceleró aún más, hasta que llegó un momento en el que paró. Estábamos en el mismo sitio donde, tiempo antes, él me había retado a subir en la moto. Bajé del vehículo, ya habían pasado dos horas desde que salí de casa. Todo había pasado tan rápido.
Justin bajó y se colocó enfrente de mí, apoyándose en la moto.
- ¿Ya te he convencido de que no soy una niña de papá?
- Más o menos.- sonrió.- Solo faltaría una cosa.
Me agarró de nuevo de la cintura y me puso lo más cerca de él posible. Noté como su mano derecha iba bajando hasta llegar a mi culo. Sus labios se posaron en mi cuello y prácticamente rozándome fueron subiendo hasta encontrar sus labios con los míos, pero sin tocarse.
- Para. Suéltame.- Susurré.
- Venga, Alexa, solo sería sexo, nada más. Si quieres no volvemos a hablar nunca más. Pero solo esta vez y te dejo en paz.
- No.- Me eché atrás apartándome de él.- No pienso acostarme contigo. No soy tan fría.
- Como quieras.- Rió.- Pero te advierto de que yo siempre consigo lo que quiero, cueste lo que cueste.
- Sueña cuanto quieras, Justin. Nunca me acostaré con alguien como tú.
- Eso lo dices ahora. Ya veremos dentro de unos meses.- Rió y a continuación subió en su moto y desapareció de mi vista.
Me volví a hacer la coleta que momentos antes se había soltado a causa de la velocidad a la que iba la moto. Comencé a caminar de vuelta a casa tranquilamente. Una vez ya había llegado, abrí la puerta y encontré a mi hermana.
- Hola, Kristen.- Saludé sonriente.
- Vaya, que feliz te veo.- Me dijo seria.
- Sí, bueno, feliz no, quizás alegre. ¿Pasa algo?
- No sé, eso me lo tendrás que explicar tú.
- ¿Cómo? No entiendo.
Mi hermana se dirigió a la cocina y yo fui tras ella.
- Mira, Alexa, te dije que te podrías quedar aquí durante un tiempo, pero siempre y cuando te portes bien.
- ¿De qué hablas, Kristen? No he hecho nada malo.
- Ah, ¿no? ¿Y qué hacías hoy, montada en una moto, sin casco y a una velocidad excesiva?
- ¿Cómo sabes eso?
- ¿Qué mas da? Contéstame a lo que te he preguntado.
- No pasó nada, Kristen. Iba caminando y pues me encontré a Justin y me dij…
- ¿Justin Bieber?- Me interrumpió.
- Sí, bueno…
- No me gusta que andes con esos chicos y menos con él, con Justin Bieber, no estás acostumbrada a su forma de vida.
- Joder, Kristen, ¿qué pasa? Solo subí en su moto, solo fue una vuelta tampoco fue para tanto.
- No, Alexa, no. Eres una chica de California, ellos son de un barrio de Canadá no muy bueno, que se diga y no debes de ir con ellos.
- Joder, estoy harta, tengo 17 años dentro de unos meses cumpliré los 18, ya soy mayor para saber lo que puedo o no puedo hacer. Y que yo sea de California y ellos sean de un barrio ‘peligroso’ de Canadá no implica nada. Pensé que tú no eras como papá y mamá, que no te importaban las clases sociales, pero ya veo que me equivoqué, que eres igual que ellos.- Al decir esto último tiré las llaves al suelo y subí rápidamente a mi habitación, dando un portazo.
Llamé desesperadamente a Brenda, pues necesitaba hablar con una persona que me entendiese.
· ¿Alexa?
· Hola, Brenda.
· Ahora mismo iba a llamarte, tenía ganas de hablar contigo.
· Yo también tenía ganas de hablar contigo. ¿Qué tal todo por allí?
· Pues bien, como siempre. ¿Y tú?
· Bueno, me está costando adaptarme y eso, pero vamos, que bien.
· Me alegro, Alex. Te prometo que cuando pase los pocos exámenes que me quedan voy a verte. Te echo de menos.
· Vale. Y yo a ti, Brenda. Por cierto, ¿qué tal con Eric?
· ¿Eric? Pues lo hemos dejado.
· Oh, vaya. Cuanto lo siento.
· Bah, da igual, me cansé de tener una relación tan larga. Ya encontraré a otro.
· Brenda, solo llevabais cuatro meses, eso no es una relación larga.- Reí.
· Para mi sí. Me agobiaba un poco.
· Vaya.- Volví a reír.
· Bueno, Alexa, me voy que tengo clases de piano. Hablamos luego. Y recuerda: en dos semanas o así estoy ahí. Te quiero.
· De acuerdo. Y yo a ti.
Después de colgar ya me sentía mucho mejor, sé que no le había contado nada de lo sucedido, pero con tan solo oír su voz me hacía sentir bien.
[…]
Seguía tumbada en mi cama, con el ordenador, sin bajar a la planta baja, cuando se abrió la puerta de mi habitación.
- ¿No piensas bajar o qué?- Me dijo Kristen mientras entraba por la puerta.
- ¿Para qué? ¿Para que me riñas como a una niña pequeña? Para eso prefiero quedarme aquí, en mi habitación.
- Alexa, debes entenderme.- dijo mientras se sentaba en mi cama.- Yo también soy muy joven, no sé como actuar en estos casos, pero no quiero que vayas con esa gente, no te traerán más que problemas.
- Lo sé, Kristen. Pero debes confiar en mí, yo no quiero relacionarme con esas personas, pero no sé que hacer, no conozco a nadie aquí.
- Hacemos un trato, ¿sí? Yo no te controlaré más ni nada si tú prometes no ir con gente como Justin.
- De acuerdo.- Sonreí.

                                       ***

domingo, 10 de marzo de 2013

CAPÍTULO 6 ‘Las apariencias engañan.’



CAPÍTULO 6 ‘Las apariencias engañan.’

Nuevo día, misma rutina.
Hoy me apetecía arreglarme, no sé, ir algo más guapa o más formal y no como siempre, con unos vaqueros y sudadera o camiseta. Por lo tanto me puse esto:

Lo sé, hacía frío, pero el instituto tenía la calefacción, por lo tanto allí dentro no tenía porque preocuparme del clima.
Agarré las llaves de mi coche, - ya que me lo han traído, iré en él.- pensé. Y así hice, salí fuera y monté en él. Aunque fuera invierno, me gustaba sentir el aire en la cara, me despejaba. Por lo tanto descapoté el auto y lo puse en marcha. Fui tranquila, no me gustaba correr en el coche, ya que hacía unos años Brenda y sus padres tuvieron un accidente con él. Cosa que creo que me afectó más a mí que a ella, pensar que se pudiera haber muerto, no podría soportarlo.
[…]
Llegué antes de hora al instituto, bajé del coche, pero, me quedé de pie junto a él.
La gente no dejaba de mirarme, no sé si porque mi coche era uno de los más caros, por no decir el que más, que se encontraba en ese recinto o por mi ropa. Pero fuese por el motivo que fuese no me gustaba nada que me mirasen continuamente, me intimidaba, prefería pasar desapercibida.
Por fin era hora de entrar y así hice, me dirigí al aula sin saludar a Sophie, no tenía ganas de hablar aquella mañana.
Con las clases, me fui despejando y ya comencé a ser algo más agradable con Sophie. En un cambio de clase, vino a mi mesa y se sentó a mi lado.
- Buenos días, Alexandra.- Me sonrió.
- Buenos días, Sophie.- Intenté parecer simpática.
- Vaya, hoy vas muy guapa.
- Ah, gracias.- Sonreí.- Pero tampoco es tanto, solo me arreglé un poco.- Concluí.
- Vaya que no, Drew no te quita ojo.
- ¿Quién?- Pregunté confusa.
- Drew, es decir Justin Bieber. Drew es su segundo nombre.
- Oh, no lo sabía.
- Sí, bueno, no le gusta que le llamen así.
- Ah.
- Pero bueno, que a Bieber se le van a salir los ojos mirándote.
Miré hacia el lado donde se encontraban él y sus amigos. Sí, puede que me estuviera mirando, pero, Sophie lo exageró un poco.
- Tampoco es para tanto, Sophie. Quizás simplemente esté mirando hacia aquí.
- No creo. Ya te dije que a Justin le gusta acostarse con todas las que están buenas. Y tú lo estás. No caigas en sus trampas.
- No lo haré, tranquila.
- Bueno, eso es lo que decíamos todas.
El siguiente profesor entró ya a clase y Sophie se fue a su sitio.
Estuve pensando en lo que me dijo Sophie y también en que los anteriores días me había hablado bastante de Justin sin ni siquiera preguntarle. No la conocía mucho, pero parecía algo obsesionada con él, quizás, simplemente fuera una impresión mía y lo único que quería era informarme para que no me pasase como a ella y a otras muchas chicas más.
[…]
El día se me pasó volando, cosa que me gustaba.
Cuando tocó el timbre para ya poder salir e irnos a casa, Sophie se volvió a acercar a mí.
- ¿Nos vamos? Hoy tengo que ir por tu dirección.- Me dijo sonriente.
- No puedo, Sophie, estoy castigada una hora más. ¿Recuerdas?
- Ah, es verdad, no me acordaba. Pues entonces, ¿nos vemos mañana?
- Claro.- Sonreí.
Agarré mis cosas y salí de clase, tenía que buscar el aula donde me había citado Sr. Parker.
Después de dar vueltas como una idiota por todo el instituto, encontré la clase. Abrí la puerta y pasé. El profesor me hizo un gesto para que tomara asiento en un pupitre y así hice. Me senté en una silla y observé la clase, había más gente de la que me imaginaba.
Saqué unos libros para estudiar durante esa hora. Mientras intentaba estudiar los demás chicos que había en la clase comenzaron a tirarme bolas de papel y gomas. Se ve que se aburrían y por las pintas los estudios no eran su punto fuerte.
- ¿Queréis parar?- Rechisté en voz baja.
Ignoraron mi comentario y continuaron lanzando papeles. El profesor no se daba cuanta de nada o pasaba de nosotros, no sé.
Hubo un momento en el que me lanzaron un lápiz a la cara y me harté, no iba a consentir que me hiciesen lo que les diera la gana.
Me levanté de la silla algo cabreada y me volví hacia ellos.
- Que os estéis quietos de una maldita vez, ¿qué no entendéis?
Ellos volvieron a reír y continuaron ignorándome. Pero, esta vez, el profesor si que se dio cuenta de lo que pasaba, bueno, no del todo.
- Señorita Crown, ¿quien le ha dado permiso para levantarse? Y más aún, ¿para faltar al respeto así a sus compañeros?
- Señor Parker, yo no hice nada, yo estaba est…
- ¡No! – Me interrumpió.- Estará castigada durante una semana más, a ver si aprende a comportarse.´
- Pero, señor Parker, le vuelvo a repetir que yo no hice nada.
- ¿Encima me rechista? Pues se quedará usted castigada durante todo este mes.
Decidí dejar de discutir, sería peor, por lo tanto me senté en mi silla y continué estudiando. Podía oír como los otros, los que por su culpa estoy castigada, seguían riendo.
La hora de castigo acabó, por fin, pero ahora en adelante tendría que venir aquí día tras día durante lo que quedaba de mes, - que asco- pensé.
Salí del aula y me dirigí hacia la puerta. Fui caminando hasta llegar a mi coche. Me paré y busqué las llaves, cuando me giré para ya montar en el auto, lo encontré a él montado en mi coche.
- ¿Qué haces aquí, Justin?
Estaba en el asiento del piloto sentado y mirándome.
- Tienes un buen coche, algo pijo pero bueno, ya sabemos como eres.
Ignoré su comentario del final, había tenido un mal día y no quería rematarlo con otra discusión.
- Justin, baja de mi coche, estoy cansada y quiero irme a mi casa.
- Ah, es verdad, te castigaron por lo de la nota de ‘Sé tu secreto’.
- Si, bueno…- dejé de hablar un momento. ¿Cómo sabía él lo que ponía en la nota? Yo no se lo había dicho a nadie.- Espera un momento, fuiste tú. Tú fuiste quien me la lanzó.
- Vaya, - rió- eres más lista de lo que pensaba. Deberías haber visto la cara que se te quedó al leerla.- Volvió a reír.
- No me hace gracia, Bieber. ¿Qué secreto se supone que sabes?
- Ay… Crown. – Bajó del coche, se apoyó en él, me agarró de la cintura y me aproximó hacia él.- No sé ningún secreto tuyo, solo lo hice para ver la cara que se te quedaba. Pero por lo que he visto, si que escondes algún secreto. Venga, Alexa, cuéntamelo.- Sonrió pícaro.
- Lo primero, suéltame, ¿si? Y segundo, eres un completo imbécil. Déjame, ¿vale? Te conozco poco, pero ya me das asco.
- Oh. – continuó sonriendo- Alexa, si estás enfadada por lo que dije de que no me acostaría contigo, que conste, que lo he pensado mejor y que probablemente si que lo haría, estás bastante buena.- Rió próximo a mi boca.
- Para. – lo aparté de mí- Apártate de mi coche y vete. Dais asco la gente como tú.
- Como quieras. Ya me buscarás.- Se fue alejando de mí.- Por cierto, te veo mañana en el aula de castigo.- Sonrió.
¿Cómo que me veía mañana en el aula de castigo? Pero, si él no estaba castigado… En fin, dejé de pensar en lo que dijo, - cuanto menos caso le hagas, mejor.- pensé.
Monté en mi coche y arranqué. Cuando ya pensé que podía irme a mi casa tranquila a descansar, otra persona se acercó a mí. Era esa tal Nicole. La chica con la que Justin se acostaba, según me dijo Sophie. Quería irme, no quería hablar con ella. ¿Y si nos vio hablando y se puso celosa? ¿O se enfadó?
Se acercó a mi coche por el lado del copiloto y me hizo un gesto preguntándome si podía sentarse en el asiento del coche. Yo asentí con la cabeza.
- Tú debes de ser Alexandra, la nueva, ¿no? – Me dijo.
- Sí.- Aclaré la voz.
- Yo soy Nicole.
- Encantada.
- Te he visto hablar con Justin.
- Eh, si.- Respondí confusa.
- Mira, Justin y yo nos vemos y tal, pero no es nada serio, me da igual con quien vaya él. En verdad es un capullo, solo que le gusta el sexo sin complicaciones, como a mí, por eso me acuesto con él. Pero bueno, eso no era de lo que te quería avisar.
- ¿Cómo que avisar?
- Llevo en la misma clase que Sophie y que Justin durante quince años, los conozco bastante y solo quiero advertirte de dos cosa. La primera: será mejor que te alejes de Justin, lo digo por tu bien, eres un chica de otro mundo, se podría decir, él no hará más que traerte problemas y complicaciones. Y la segunda: bueno, esta advertencia de la digo por si no haces caso a la primera que te dije, si decides tener algo con Justin, aunque sea solo tontear, ten cuidado con Sophie. No es tan dulce como parece. Las apariencias engañan, Alexa.
- No te entiendo, ¿qué quieres decir con lo de ‘las apariencias engañan’?
- Mira, solo te digo que Sophie no es como parece ser y menos con lo relacionado con Bieber, así que ten cuidado.
- Pero…
- Alexa, tú solo hazme caso. Lo hago por tú bien. Y ahora me voy, no quiero que me vean más tiempo en el coche de una chica de clase alta.
Abrió la puerta, salió y se fue.
¿Qué quiso decirme con todo eso? No la entendía. Si Sophie parece una chica encantadora, - quizás solo te esté mintiendo para fastidiarte.- pensé.

                                   ***
Bueno, pues subí hoy capítulo ya que no creo que esta semana pueda subir. Por lo tanto espero que os haya gustado y eso:33
Y, ya sabéis, espero vuestro siguiente algo extenso.
Por cierto, acodaros de etiquetaros en la foto de la novela.
¡Ah! ¿Me podéis recomendar, por favor?
Bueno, que ya me callo, os quiero<3

sábado, 2 de marzo de 2013

CAPÍTULO 5 ‘Secretos’


CAPÍTULO 5 ‘Secretos’

Intenté ignorar la pregunta que me había hecho mi hermana, pero ella volvió a insistir.
- Eh, Alexa, ¿me piensas responder?
- Eh, pues, nada, a una chica que iba conmigo al instituto de California, que no le puedo contar una cosa porque se pondría histérica.
- Ah, de acuerdo. ¿Has cenado ya?
- Sí, me hice un sándwich.- Mentí.
- Bueno, pues yo voy a acostarme ya, que estoy cansada. Y tú, no te duermas tarde, que mañana tienes que madrugar.
- Vale. Buenas noches, te quiero.- Le di un beso en la mejilla.
- Y yo a ti. – Sonrió.- Hasta mañana.
Salió por la puerta y me dejó a solas.
Eran casi las once, estaba cansada del primer día y me apetecía dormir, por lo tanto me puse el pijama y me acosté en la cama.

{Al día siguiente}

Me desperté nada más sonar el despertador. Hice como cada mañana, cogí algo de comida, fui al baño y vomité, era mi rutina. Después me puse la ropa de gimnasia, cosa que odiaba, prefería ir con vestido, falda, vaqueros, shorts, lo que fuera menos ropa de gimnasia. A diferencia de mi hermana, yo odiaba el deporte, Kristen desde pequeña adoraba jugar al fútbol o al básquet o montar en bici, pero casi nunca podía hacerlo, en California, la parte rica o pija, es decir, donde yo vivía, no estaba bien visto que una chica hiciera deporte, a no ser que fuera hípica. Allí era como hace décadas, los chicos estaban, les gustase o no, en el equipo de fútbol del instituto y las chicas debían ser animadoras. Kris y yo odiábamos ser animadoras, pensábamos que era demasiado superficial, porque además de ser chica, debías, por así decirlo, estar buena para entrar.
Cuando quise darme cuenta, eran las ocho menos diez, si no me daba prisa llegaría tarde, por lo tanto cogí mi mochila, ya con todos los libros, y mi chaqueta. Salí lo más rápido que pude para llegar a tiempo. Una vez en la puerta, miré la hora, aún no eran las ocho, menos mal, no llegaba tarde.
Entré al aula para dar la primera clase; literatura. Esa asignatura me gustaba, adoraba leer y los idiomas, por esa razón me fui por letras, aunque también me gustaban las matemáticas o química.
Me senté en una mesa situada en la segunda fila y esperé a que viniese el profesor.
Una vez ya comenzada la clase, alguien me lanzó una bola de papel, la cual me dio en la espalda y cayó al suelo. Me agaché a recogerla y la abrí:

Sé tu secreto.

Decía aquella nota.
Me asusté un poco, ¿quién iba a saber que era bulímica?, no se había enterado ni mi hermana ni mi madre, ¿cómo lo iba a saber una persona que solo me conocía desde hace a penas un día?
Después de haberla leído, la volví a arrugar y la mantuve en mi puño. Giré la cabeza a atrás e intenté saber quien había sido el gracioso que me la había lanzado. Pero, cuando volví a girar la cabeza adelante, me encontré con el Sr. Parker, el profesor de literatura.
- Por favor, señorita Crown, ¿quiere mostrarme el papel que tiene en la mano?
- Eh… No es nada, no se preocupe.
- Muéstremelo.- Volvió a insistir.
- No.- Susurré cabizbaja.
- ¿Con que no, eh? Pues nada, la espero mañana después de su última clase en mi departamento.
- De acuerdo.- Asentí.
Aquello de que me castigara me había sentado bastante mal, pues yo no había hecho nada malo y ahora tendría que cargar con las culpas.
La clase pasó rápida, más bien la mañana pasó rápida.
Antes de la última clase tenía veinte minutos de descanso, por lo tanto fui a la cafetería y allí estaba Sophie, esperándome sentada en una mesa.
- Hola.- Tomé asiento y sonreí.
- Hola.- Me devolvió la sonrisa.- Me he enterado que te han castigado.
- Si, mañana, en fin…- Agaché la cabeza.
- Oye, no te preocupes, aquí que te castiguen no es nada malo, es decir, a todos nos han castigado más de una vez.
- Ya, bueno, da igual.
Levanté la mirada y la dirigí hacia donde se encontraban ese tal Justin y alguno de sus amigos.
- ¿Pasa algo? No dejas de mirarlo.- Me preguntó Sophie.
- No, nada, solo tenía la mirada perdida.
- Ah.
En verdad, no tenía la mirada perdida, lo estaba mirando a propósito, bueno, más que mirándolo, inspeccionándolo o no sé.
No dejaba de reír, todos los chicos se acercaban y chocaban la mano con él, cosa que demostraba su popularidad. Después todas las chicas estaban a su alrededor, poniendo ojitos o jugando con su pelo. Él continuaba sonriendo, tenía una bonita sonrisa. De repente, cuando menos lo esperaba, desvió su mirada hacia mí y permaneció serio. Estuvo un rato mirándome, intentaba intimidarme con su mirada, cosa que no conseguía. No entendía porque me miraba tanto, por eso arqueé una ceja como gesto de confusión. Él sonrió y esa mirada intimidante pasó a ser una mirada traviesa. Yo no respondí a su forma de actuar, continué algo perpleja, a lo que él contestó con un guiño de ojo. Pero, alguien se puso delante de Justin e interrumpió nuestra ‘conversación’ no verbal.
Dejé de mirarlo y miré mi reloj, faltaban cinco minutos para la siguiente clase, por lo tanto cogí mis cosas, me despedí de Sophie y comencé a andar hacia la puerta de salida.
- ¡Eh! ¡Tú! ¡Ven!
Alguien comenzó a gritar eso cuando pasé por delante de la mesa de Bieber. Ignoré esos gritos y seguí caminando.
- ¡Eh! Alexandra o como te llames, ven.
Volví mi mirada atrás y me hicieron un gesto para que me acercara a ellos.
- ¿Qué queréis? – Contesté fría.
En la mesa se encontraban cinco chicos, entre ellos Justin, el cual estaba sentado en una silla y con los pies encima de la mesa. Detrás de ellos, había varias chicas.
Ninguno de los que estaban ahí me quitaba ojo, los chicos creo que me miraban el culo, las chicas me miraban con asco y bueno, Justin me miraba pícaro como antes ya había hecho.
- ¿Por qué no te sientas con nosotros?- Dijo uno de los chicos riendo, uno moreno y bastante musculoso.
- No, gracias, prefiero irme.
- ¿Por qué? – Volvió a insistir.
- ¿Es que no lo ves? Es una niñata pija de California, le dará miedo que sus queridos papis o sus amiguitos pijos vean que se junta con chicos de barrio.- Contestó una de las chicas cuando yo ya me iba.
Odiaba que me llamaran pija o niña de papá o algo por el estilo, yo no quería haber nacido en esta vida, aunque a simple vista parezca una vida fácil y cómoda, en verdad no lo era tanto, porque no sabías si la gente que te rodeaba estaba contigo por tu popularidad y dinero o porque te querían de verdad.
Después de ese breve pensamiento me volví otra vez hacia ellos.
- Pues mira sí, puede que esta pija de California no quiera sentarse con vosotros, pero no por miedo ni nada de eso, sino porque dais pena, vosotras estáis aquí para ver si alguno de estos, – señalé a los chicos – acostándoos con ellos, os hacen algo de caso, es patético y no quisiera ser como vosotras.
- ¿Y tú qué? Que te ha faltado tiempo para ir a zorrear a Bieber. – Volvió a contestar la rubia.
- ¿Perdón? No soy tan guarra, bonita.
- Vas de niña buena, pero seguro que eres más puta que las de aquí. – Me contestó. Y ahora se dirigió a Justin.- Dime, Bieber, ¿te la chupó ya?
- ¿Qué dices maldita zorra? – Intervine gritando.
- Cállate, hablo con él. Venga, Bieber, contesta.
Todos dirigimos nuestras miradas hacia Justin y esperamos a que contestara. Se sentó bien y rió.
- Por favor, Lilly, me gusta el sexo, pero no tanto como para follar con una pija, aún tengo mi dignidad.- Ante ese comentario todos rieron.
- Lo sé, soy mucha mujer para ti, y tranquilo, que yo tampoco me acostaría con alguien como tú, no me rebajo a vuestro nivel, tengo algo de clase. – Después de contestarle, sonreí irónica y continué caminando.
¿Cómo se puede ser tan extremadamente prepotente? ¿Me gusta el sexo, pero no tanto como para follar con una pija, aún tengo mi dignidad? ¿Qué gilipollez es esa? Sabía que no debía hacer caso a los comentarios de eso idiotas, pero eso me había sentado mal, ¿qué tengo de malo? De repente miré mi cuerpo reflejado en un cristal y lo supe, estaba gorda, por aquella razón dijo ese comentario.
[…]
Por fin había acabado ese día tan nefasto. Tenía ganas de llegar a casa y no hacer nada. Y así fue, salí de la última clase y me fui directa a casa. Cuando llegué había una grúa aparcada en la puerta y dos hombres. Pregunté que hacían allí y me alegró su respuesta: traían mi coche de California. Ahora ya podía ir al instituto en coche y no andando.
Firmé unos papeles a aquellos señores, los cuales me dieron las llaves del coche y se fueron.
Abrí la puerta de casa y entré. Tiré mi mochila a un lado y me tumbé en el sofá.
Me quedé dormida y a las dos horas desperté. Subí a mi habitación y comencé a hacer la tarea que nos habían mandado. Más tarde me duché y me puse ropa algo más cómoda. Miré el reloj, ya eran las diez y mi hermana aún no había aparecido. Bajé a la primera planta y la puerta principal se abrió, era Kristen.
- Hola, Alexa.- Me saludó mientras entraba por la puerta.
- Hola, Kristen.- Sonreí y seguidamente le di un beso en la mejilla.
- Vamos a la cocina, tengo hambre.- Rió.
Entramos en la cocina, yo me senté en una silla y ella se preparó un sándwich e hizo lo mismo.
- ¿Cenaste ya?
- Sí, ya cené.- Volví a mentir.
- Alexa, cada día te veo más delgada…
‘Pues yo cada día me veo más gorda’, pensé.
- ¿Seguro qué estás comiendo y cenando bien? – Me preguntó.
- Sí, no te preocupes.
Notó como algo raro pasaba en mí, sabía que no le estaba contando toda la verdad, pero, a mi favor, mi hermana no era de esas hermanas o madres que te hacen un ‘interrogatorio’ hasta saber que te pasa.
- Bueno, como quieras.- Me cogió de la mano.- Pero sabes que si ocurre algo puedes contármelo, no pasará nada.
- Lo sé.- Sonreí.- Esto… Kristen, ¿te puedo preguntar algo?
Ella asintió mientras bebía agua.
- ¿Por qué llegas tan tarde a casa? Es decir, me dijiste que llegarías sobre las ocho o así y estos días has llegado a más de las diez.
- Eh… Sí, bueno, cosas del trabajo.
- Ah, ¿y en qué trabajas si se puede saber?
- Pues…- Comenzó a ponerse algo nerviosa.- En una empresa, ya sabes, una oficina, papeleo y todo eso.
- Ah, vale.- Miré mi reloj.- Bueno, Kris, me voy a dormir, estoy algo cansada, hasta mañana.
- Buenas noches, Alex.
Subí a mi habitación y me tumbé en la cama. Sabía que mi hermana me estaba ocultando algo, no era muy buena mintiendo, al igual que yo. No me estaba diciendo toda la verdad y en parte, no me importaba, yo tenía mis secretos y ella los suyos, no había por que contarnos todo, cada una necesitaba su intimidad.

                                  ***
 Pues a ver, que espero que os haya gustado y que me pidáis un siguiente elaborado, por favor.
Para la gente que lo lea desde el blog y no me tenga agregada a tuenti y quiera que la avise que me agregue a este: Destiny Bieber-Lovato.
Ale, os quiero<3

martes, 12 de febrero de 2013

CAPÍTULO 4 ‘Primer día’


CAPÍTULO 4 ‘Primer día’

El despertador acababa de sonar, tenía sueño, pero debía levantarme. Cuando por fin conseguí hacerlo, busqué unos vaqueros pitillos, una camisa azul y unas botas altas negras. Pero, antes de vestirme, cogí una chocolatina que llevaba en el bolso, antes de comerla, abrí el grifo para que disimulara los ruidos de mis vómitos. Una vez abierto, le di un bocado y acto seguido me incliné para vomitar. Una vez hecho, me lavé la cara y los dientes, me vestí y me hice una trenza a un lado.
Cogí una bandolera negra en la cual metí el móvil, las llaves y un cuaderno por si lo necesitase. Me puse mi cazadora negra y salí de casa.
En poco más de diez minutos había llegado. Entré, no conocía a nadie, por lo tanto tuve que ir a jefatura de estudios a preguntar mi clase, y así hice.
Una vez que ya lo sabía me dirigí a ella, antes de entrar miré el horario que me habían dado hacía unos escasos minutos. Física. Odiaba esa asignatura, nunca la había comprendido muy bien y pues en esa no sacaba de las mejores notas.
Llamé a la puerta.
- Adelante.- Respondió una voz masculina.
Entré y me dirigí al profesor, le expliqué que era nueva y que acababa de llegar y tal. Mientras el profesor me explicaba algunas cosas, pude observar como los alumnos, -sobre todo las chicas, pero los chicos también- me miraban y chismorreaban.
- A ver, chicos, esta es una nueva compañera, la señorita Alexandra. Yo soy el Sr. Stevenson.- Eso último iba dirigido a mí.- Tome asiento y preste atención.
- De acuerdo.- Contesté.
Miré los asientos que quedaban libres, tan solo dos, uno en primera fila y otro en la última. Era el primer día, y no me apetecía ponerme en primera fila, por lo tanto me fui a la del final. Cuando estaba a punto de sentarme, el chico que estaba justo a mi derecha me lo impidió.
- ¡Eh! Fuera de ahí, ese es el sitio de Justin.
- ¿Justin? No veo a nadie por aquí que se quiera sentar aquí, por lo tanto me siento yo.- Contesté.
Me miró de mala forma a lo cual yo contesté con una falsa sonrisa.
Diez o quince minutos más tarde la puerta de la clase se abrió, y apareció un chico rubio, alto, una preciosa sonrisa, era bastante guapo.
- Señorito Bieber, le tengo dicho que no debe llegar tarde a clase y usted sigue haciéndolo.
- Y yo le tengo dicho que sus clases me aburren y usted sigue explicándolas.- Contestó.
Ante aquel comentario de ese tal Bieber, toda la clase rió, ahí comprendí que era el típico ‘popular’ al que toda la clase adora.
- Mire, siéntese, haga el favor.
Vi como se iba acercando hasta mi mesa y cuando llegó se paró.
- Estás en mi mesa, preciosa. Haz el favor y vete a la de delante.- Me dijo con tono de chulería.
- ¿Con que tú eres ese tal Justin?
- El mismo, Justin Bieber en persona.
- Pues lo siento, pero yo llegué antes, te tocará sentarte ahí.
- Venga, nena.- Se acercó tanto a mí que podía sentir su aliento.- Vete a la primera fila, tampoco te pido tanto. Si quieres luego te recompenso.- Me guiñó un ojo.
- Lo siento.- Aparté su cara de la mía.- Pero no me intimidas ni nada por el estilo, llegaste el último y te sientas en el sitio que queda libre, es lo que hay.
Rió irónico.
- De acuerdo.
[…]
La mañana pasó tranquila, conocí a algún profesor más, pero no ocurrió nada especial, tan solo lo de ese tal Bieber, pero ya está. Lo curioso, es que el Bieber ese, me sonaba de algo, pero no recordaba de que, tal vez solo fuera una impresión y nada más.
Cuando iba entrando por la puerta de la cafetería, alguien me agarró del brazo y me volvió. Era él, ese tal Bieber, de cuyo nombre no conseguía acordarme.
- Ten cuidado conmigo, solo te aviso.
- ¿Qué dices?
Antes de que pudiera acabar la pregunta, el chico ya se había ido.
Retomé el camino y entré en la cafetería, cogí una botella de agua y me senté en una mesa sola a darle vueltas a aquello que me había dicho. Pero, entonces, una chica se puso a mi lado y me tocó el hombro.
- Hola, soy Sophie, una chica que va a tu clase, ¿te importa que me siente contigo?
- Eh…- giré la cabeza- No, claro que no.
- ¿Con que eres nueva, eh?- Me preguntó mientras se sentaba.
- Eh, sí, vengo de California.
- Oh, siempre he querido ir.
- Es bonito.
- Lo suponía.
De repente se produjo un incómodo silencio.
- Es guapo, eh.- Me dijo Sophie.
- ¿Qué? ¿Quién?
- El chico al que no paras de mirar.
- Ah, ese tal Bieber, ni lo había visto.
- Ya. Por cierto, has tenido bastante valor al decirle que no le dejabas su sitio, cualquier otro nada más verlo habría salido corriendo.
- ¿Ah si? ¿Por qué?
- Bueno, Justin no es que sea un angelito.
- ¿Por? Cuéntame lo que sepas de él.
- Pues a ver, Justin era un chico normal y corriente, y ¿ves a esos chicos que están ahí? – Señaló una mesa- el de la izquierda es Chaz, Chaz Sommers, el de al lado Ryan, Ryan Butler, el otro Christian Beadles y la chica Caitlin Beadles. Eran su panda de amigos, incluso Caitlin fue su novia, hasta que a los quince, algo le ocurrió, cambió, se podría decir que pasó ‘al lado oscuro’ y los dejó. Desde entonces dicen que siempre anda en peleas y malos rollos. Y bueno, se ha tirado a todas las chicas guapas del instituto, eso sí no repite nunca con ninguna, excepto con aquella, - señaló a otra mesa- Nicole. Es también la más popular y se podría decir que son ‘folla-amigos’, o no sé, a ver, mantienen sexo, Justin la lleva en su moto y tal, pero no se besan ni nada, cada uno hace lo que quiere.
- Vaya, ¿se ha tirado a todas?
- Sí, pero no caigas en sus trampas, un día te enamorarás de él y al instante estarás en su cama, haciéndolo con él, pensando que será para siempre y al día siguiente ni te saluda. Enserio, no pierdas el tiempo con él, solo te hará daño.
- No, si no lo pienso hacer. Pero, como lo dices parece que lo hayas experimentado.
- Desgraciadamente sí. Fue hará un año y bueno, después de aquello nunca más volvimos a hablar.
- Vaya, que cerdo.
Me quedé mirando a Sophie, era bastante guapa, unos ojazos, marrones, pero que con la luz se veían tonos verdes, un pelo voluminoso, rizado y negro como el carbón. Una sonrisa tímida, pero dulce y por lo poco que la conocía parecía bastante simpática.
- Bueno, ¿y tú por qué de viniste de California?
- Eh… Pues, quería cambiar de aires.
- Pero eres una chica realmente hermosa, seguro que allí lo tenías todo.
El timbre volvió a sonar, y afortunadamente interrumpió nuestra charla. Tan solo me quedaba una clase por dar, historia.
Entré al aula en la cual tenía la última clase, me senté al lado de la ventana y esperé a que vinieran los demás. De repente, esa tal Nicole, pasó por mi lado y se me quedó mirando. No sabía que hacer, me estaba intimidando, de pronto alguien le tocó por detrás, era ese tal Justin, ¿Justin? Sí, eso Justin. Oí como le susurraba algo al oído y ella le contestaba con un simple ‘vale’. Entonces vino Sophie y se sentó a mi lado.
- Vaya, me alegra ver que en historia también estaré contigo.- Me dijo.
Yo simplemente me limité a sonreír.
[…]
Pasó la clase, estaba cansada, quería terminar ya este primer día. Recogí mis cosas y salí. Sophie me siguió hasta la puerta del instituto.
- ¿Por dónde vas?- Me preguntó.
- Por allí.- Indiqué la dirección.
- Oh vaya, está en dirección opuesta de mi casa, bueno, nos vemos mañana.
- Vale.- Sonreí.
Sophie era maja, pero algo estresante o al menos para mí. Nunca me había gustado que la gente estuviera muy pegada a mí, me agobiaba, excepto Brenda, claro.
Cuando iba a cruzar oí una moto, me giré y lo vi. Lo acababa de recordar. El del otro día que por poco me atropella era Justin.
Me fijé en él otra vez. Puso la moto en marcha, esta vez no llevaba casco, y aceleró. Justo en el momento que pasaba por delante de mí, me sonrió y me guiñó un ojo – Pero, ¿de qué va?-, pensé.
Continué andando hasta llegar a casa. Abrí la puerta, y como ya me había avisado ayer Kristen, no había nadie.
Preparé algo ligero para comer, ya que al final lo iba a acabar vomitando. Y en efecto, nada más comer, tuve que ir a vomitar. Odiaba ser bulímica, no podía ir a restaurantes, ya que no quería montar un espectáculo vomitando. Tampoco era fácil dejar de serlo, ya que siempre volvía a recaer.
Subí a mi habitación y estudié lo que habían mandado. Al terminar cogí mi móvil y volví a llamar a Brenda. Al fin me lo cogió:
· Brenda…
· ¿Qué quieres Alexandra?
· Hablar. Lo siento muchísimo, de verdad.
· Ya dejaste bien claro que te importaba todo una mierda, no hay nada más que hablar.
· Por favor, tú no me entiendes, déjame que te lo explique.
· Venga, explícame.
Comencé a contarle de nuevo todo lo que me había hecho Troy incluso lo del último día, y seguí contando que mis problemas no acabaron y que estaba realmente mal, hasta que no aguanté más y comencé a llorar.
· Lo-Lo siento, Alexa. Perdóname, he sido una idiota.
· Tú no tienes la culpa.
· Lo siento de verdad. Sabes que me tienes para todo, llámame cuando lo necesites.
· Y tú a mí.
· Cuando pasen los exámenes, iré a verte, ¿si?
· Vale.
· Tengo que irme, hablamos esta noche y no te preocupes, siempre me tendrás.
Nos despedimos y colgamos.
[…]
La tarde pasó rápida. Miré el reloj, eran las diez y media y Kristen no había vuelto. Me dijo que sobre las ocho estaría en casa, pero no era así.
Brenda me volvió a llamar y estuvimos hablando. Fue entonces cuando yo dije: ‘no se lo puedo contar, se pondría nerviosísima’. Con esa frase me refería a que no le podía contar el tema de la bulimia a Kristen, pero, en aquel momento, justo después de decir la frase entró mi hermana.
- ¿A quién no le puedes contar qué?- Me preguntó.
- Hablamos mañana.- Susurré a Brenda.
                                              ***
Holi:3
Bueno, lo primero, siento mucho haber tardado tanto, pero no he tenido ordenador y lo siento de verdad.
Pues eso, que espero que os haya gustado el capítulo que lo he hecho lo mejor que he podido y que me dejéis un comentario algo elaborado, ¿si? Gracias.
Por cierto, ¿os importaría contestar a la encuesta? Muchas gracias.
Os quiero<3

miércoles, 30 de enero de 2013

CAPÍTULO 3 ‘Vida nueva’


CAPÍTULO 3 ‘Vida nueva’

Abrí los ojos, - ¿qué hora sería?-. Seguía en el avión, me había dormido, miré por la pequeña ventana que había a mi izquierda y vi que todavía continuaba el vuelo.
- Perdone, - le dije a una joven azafata que pasaba cerca de mí.- ¿sabe cuanto queda para llegar?
- Oh sí, quedará una media hora escasa.
- Vale, gracias.- Sonreí.
- De nada.- Me devolvió la sonrisa.
Volví a posar mi cabeza en el respaldo del asiento. Ya quedaba menos para poder ver a mi hermana, para poder comenzar otra vida.
Me pregunto si Brenda habrá visto la carta, no sé como se lo tomaría, espero que bien, esto no tiene porque afectar a nuestra relación de amistad de prácticamente toda una vida. De repente, oí como, por el altavoz, el copiloto anunciaba el aterrizaje – que rápido se me había pasado esa media hora-. Volví a mirar por la ventanilla, ya podía ver la pista en la cual aterrizaríamos, era algo pequeña, pero lo normal para una ciudad como Stratford.
[…]
Por fin, ya había salido de aquel avión, ya había llegado a mi destino. Ahora mismo me encontraba en la puerta del aeropuerto, con mis maletas, intentando buscar un taxi, pero aquí no era tan fácil como en California. Al cabo de un tiempo, uno paró delante de mí, - al fin- pensé. El taxista bajó del vehículo y me ayudó con las maletas, monté en el coche y cerré la puerta.
- ¿Dónde la llevo?- Me preguntó.
- Pues la verdad, no lo sé muy bien, nunca antes había venido, solo tengo este papel en el que pone la dirección.- Se lo mostré.
- Ah, de acuerdo, en veinte minutos estaremos allí.
- Gracias.- Sonreí.
Miré el reloj, eran las nueve de la mañana, era un poco pronto, espero que Kristen no esté durmiendo, tiene mal genio cuando la despiertan, o al menos eso era así antes, antes de que se fuera.
- Ya hemos llegado. Es aquella casa, disfrute de la ciudad.- Me informó.
- Lo haré, y gracias.
Bajé del taxi, saqué las maletas, le pagué el trayecto y me dirigí a la puerta de la casa.
Se me hacía raro ver que Kris viviera en una casa así, acostumbrada a ver las mansiones de la zona rica de California, pues se me hacía raro ver que mi hermana, y dentro de poco yo, viviera en una casa, normal, grande, pero normal.
Dejé las maletas en el suelo, vi que en el lado derecho de la puerta había un timbre, lo presioné y esperé. Estaba nerviosa, muy nerviosa.
- Vooooy, un momento.- Reconocí en seguida la dulce voz de mi hermana.
A continuación se abrió la puerta y la vi. Seguía igual de guapa que siempre, más mayor, pero igual de preciosa.
- ¡Kristen!- Sonreí y la abracé.
- Alexandra.-me siguió el abrazo.- ¿qué haces aquí?
- ¿Puedo pasar y te lo explico?- Pregunté incómoda.
- Claro, pasa.
Agarré mi equipaje y pase dentro de la casa.
- Siéntate.- Me señaló el sofá.
Hice lo que me dijo y ella hizo lo mismo.
- Y, bueno… ¿Qué haces aquí? Y con tantas maletas.
- Pues verás, últimamente no me encontraba muy bien en California, y pues… me vengo a vivir contigo.- Eso último lo dije murmurando.
- ¿CÓMO? – Se levantó bruscamente.- No digas tonterías, debes volver a casa con mamá, este no es un buen sitio para ti, debes irte, Alexa.
- No, no lo pienso hacer.- me levanté- Hace cinco años que no te veo y es más, quiero vivir contigo, eres mi hermana, tengo derecho.
- Por favor, Alex, debes irte, no es un buen sitio, enserio. Es más, no creo que vivas muy a gusto aquí, son todos muy diferentes a ti.
- Pero, por favor, déjame, me adaptaré.
- No, he dicho que no. Voy a llamar a mamá, ¿sabe que viniste?
- Sí, le dejé una nota, pero no creo que le importe, últimamente no los veo ni los fines de semana.- Dije indiferente.
- Da igual, Alexa, tienes 17 años, debes vivir con ellos, no puedes irte y desaparecer así sin más.
- Ah, claro, mira quien habló, la señorita perfecta – levanté la voz – la que hace cinco años dejó a su familia tirada, a su hermana pequeña, a su novio, a sus amigos, todo.
- Alexa, mi caso no era el mismo… Yo me fui por verdaderos problemas.
- ¿Por qué? ¿Por qué papá y mamá no te consentían algunas cosas? ¿Enserio? Eso no son problemas comparado con los míos, no sabes nada, yo soy… – en ese momento iba a decir ‘soy bulímica, con la autoestima por los suelos, con un novio que abusa sexualmente de mí y con unos padres que para ellos ni siquiera existo’, pero me callé, no quería preocuparla.
- ¿Qué? ¿Qué eres, eh?
- Soy la que sobra allí.- Intenté arreglar lo que ya había empezado.
Vio como mis ojos comenzaron a hincharse de agua y seguidamente me abrazó.
- Bueno, tranquila, puedes quedarte, pero solo por un tiempo, eh.
- ¡Gracias! – Sonreí y la abracé más fuerte.
- No las des. – se separó de mí- Venga, no llores, no te favorece.- Me retiró las lágrimas de los ojos.
- Te quiero.
- Y yo a ti. Eso sí, hemos de buscarte un instituto en el que matricularte, ¿vale?
- No es problema, pedí el traspaso, el lunes empiezo.
- Ah, pero tendrás cara, ¿y si te llego a decir que no te puedes quedar?
- Sabía que no lo harías.- Reímos.
- Ven, te enseñaré tu habitación.

|| Narra Brenda ||

- Hablamos luego, cariño. Te quiero.- Le dije a Eric mientras lo besaba y bajaba del coche.
Lo despedí con la mano y una sonrisa. Estaba feliz. Muy feliz. Serían las once de la mañana y acababa de volver de la cena y la noche de ayer con Eric.
Mientras me acercaba a la puerta vi que el buzón contenía cartas, me dirigí a él y lo abrí, saqué las cartas y mientras iba hacia casa fui mirando a quien iban dirigidas. Casi todas eran para mis padres, normal. Pero una me llamó la atención, era para mí, de Alexa, - ¡Oh dios, Alexa! Al final ayer no la llamé, esta tarde la llamo sin falta.- pensé.
Cuando iba entrando por la puerta de mi casa, abrí la carta y la leí.
¿Qué? Comencé a llorar. No me lo podía creer, mi amiga, mi hermana, mi mundo, se había ido a otra ciudad.
Subí directa a mi habitación, sin saludar. Me tiré en la cama y comencé a llorar de nuevo. Cogí mi móvil y marqué el teléfono de Alexa, le di a llamar y esperé su respuesta, ‘El teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura’, - Perfecto.- pensé.

|| Narra Alexandra ||

Me encontraba en mi nueva habitación, era grandísima, no muy bonita, pero de decorarla ya me encargaría yo, ya que mi estancia allí, sería por largo tiempo, aunque mi hermana pensase que no.
Miré la hora en el reloj, eran casi las tres, era extraño que Brenda no me hubiese llamado y más después de lo de la carta, supongo que no habría vuelto a casa y no la había visto.
- ¡Aleeeeeeeex, baja a comer!- Gritó mi hermana desde la primera planta.
- Espera.- Respondí en su mismo tono.
Oh no, no había pensado en el tema de las comidas, yo no podía comer nada sin después tenerlo que vomitar. Tenía un problema.
- Venga, que se enfría.- Volvió a insistir.
Bajé a la cocina, allí se encontraba mi hermana, sentada en la mesa y con un plato de carne delante.
- Venga, siéntate y a comer.
- Eh… No, Kris, comí algo antes en el avión y tal, no tengo hambre, comeré más tarde.- Esa fue la única excusa que se me ocurrió.
- ¿Seguro? Estás muy delgada.
- Seguro, no te preocupes.
[…]
Después de la comida dejé que mi hermana se echara la siesta y me fui a mi habitación. Me pasé la tarde allí, no hice gran cosa, solamente leer y escuchar música. Cuando fui a coger el móvil del bolso, vi que estaba apagado por el avión. Lo encendí, y fue entonces cuando vi 17 llamadas perdidas de Brenda y 33 WhatsApp de ella. Leí los WhatsApp y no pude creer lo que ponía en el último: ‘·Vale, tú sigue ignorándome, pero que sepas que así no se solucionan los problemas. Pensé que éramos como hermanas, pero ya veo que todo te importa una mierda, incluso yo.’
¡Mierda! Brenda estaba enfadada, y en realidad la comprendía. Seguidamente le di a llamar y el teléfono comenzó a comunicar, pero no me lo cogió. Después de un rato, dejé de insistir.
[…]
Al día siguiente me levanté, sobre las doce o así, me puse algo cómodo de ropa y bajé a la planta baja.
- Buenos días.- Le di un beso a mi hermana.
- Buenos días, bella durmiente.- Me sonrió.- ¿Qué vas a hacer hoy?
- Pues como mañana es mi primer día, pues iré a dar una vuelta para conocer mejor la zona.
- De acuerdo, ¿quieres que te acompañe?
- No hace falta.- Sonreí.
- ¿No desayunas nada?- Me preguntó.
- Eh, desayunaré algo por ahí.
- Como quieras.
Salí de la casa y comencé a caminar. El barrio no era feo, un poco de clase baja, pero me daba igual, quería empezar de cero. Hacía bastante sol, pero corría un fresco viento, menos mal que había cogido la rebeca.
Miré a los lados y vi un instituto, ese debía ser el mío. A lo lejos, en un callejón, pude ver a una panda de chicos con motos, no tenían muy buen aspecto, parecían unos ‘macarras’ como diría mi madre. Me fijé bien, y también se encontraban alguna que otra chica, un poco ligeritas de ropa, pero bueno. Cuando ya me iba a cruzar a la otra acera, para volver a casa, mientras cruzaba un paso de peatones, una moto pasó a toda velocidad que por poco me atropella.
- Imbécil.- Grité.
Creía que no me había oído, pero entonces giró su cabeza hacia atrás, se retiró el casco, me miró y sonrió pícaro. Volvió la mirada al frente y continuó el trayecto.
Me fijé en él y vi como paraba en el mismo sitio de los chicos de antes.
Entonces un WhatsApp sonó en mi móvil. Era Kristen.
· ¿Estás bien? Hace dos horas que te fuiste.
Le respondí con un simple ‘Sí’ y volví a casa.
Abrí la puerta con la copia de las llaves que me había dado mi hermana.
- Venga, Alex, a comer.
- Eh, no, es que como he desayunado tarde, no tengo hambre.
- Bueno, está bien.- Me miró insatisfecha.
[…]
Sobre las diez me di una ducha rápida y bajé al salón.
- Prepárate todo para mañana.- Me dijo mi hermana.
- Sí, mamá.- Sonreí burlesca.
- Por cierto, Alexa, yo por temas de trabajo no creo que venga a comer ningún día, más bien vendré tarde sobre las ocho o así, prepárate lo que quieras de comer, ¿sí?
- Claro.- Sonreí.- Bueno, yo me voy a dormir, que mañana es el primer día y quiero estar descansada.
- Vale, cielo.- Me dio un beso en la mejilla.- Que descanses.
Antes de dormirme intenté llamar otra vez a Brenda, pero seguía sin contestarme. Al final, rendida y cansada, acabé por dormirme.
                                                        ***
Hola:3
A ver, tengo poca cosa que decir, lo primero siento el retraso pero es que no tengo ordenador y estoy muy liada, lo siento. Y lo segundo, recomendadme, por favor, tengo pocas lectoras.
Ale, espero que os guste y que me dejéis un siguiente algo elaborado, ¿sí?
Os quiero<3